"Sobre la Sociedad y el Artista"
por Jaques Barzun.

      

 

Selección de Rodrigo Roger
Extractado del capítulo 5 del libro de Jaques Barzun "De la libertad humana", Editorial Diana, México, 1966

 

.Si una sociedad democrática es abandonada a sus propios recursos ¿qué clase de arte puede esperar?.El arte es un don particular individual. Esperamos formas individuales de talentos y aptitudes individuales. Ponemos al artista en una situación difícil y esperamos que se quede allí. El producto del arte debe oler a tierra, o por lo menos al asfalto de una ciudad determinada. ¡Pobre del poeta cuyo verso sea demasiado libre y exento de estadísticas vitales, o del novelista que no se expresa debidamente! Exigimos, pero que es lo que damos.-

La respuesta ordinaria es que el arte verdadero florece en cualquier parte donde la civilización esté en su apogeo y dondequiera que haya gente con ideales artísticos elevados. La mente retrocede a los griegos (un pueblo compuesto totalmente de artistas) después a la época en que el hombre construyó las catedrales (una edad poblada completamente por místicos), y ahí se detiene. El razonamiento es un círculo vicioso: una civilización es grande por su arte y viceversa.-

Las referencias acerca de los griegos y de las catedrales proporcionan al menos una indicación provechosa acerca de la relación entre el arte y la sociedad. Sugieren que se debe pagar por el arte, aunque solo sea para sustentar al artista. En nuestros días la gente paga por algo únicamente si piensa que vale la pena poseerlo; si puede, como se dice, apreciarlo. El arte puede florecer solamente en una civilización que disfruta alguna superabundancia de bienes y cuya población tiene algún respeto por el arte. Hasta aquí el razonamiento es bastante conocido, pero cuando se aplica a nuestra propia sociedad parece desplomarse. Ciertamente, gozamos (estamos hablando de los países económicamente de primer orden) de tanta superabundancia como cualquier civilización anterior y tenemos ideales elevados que veneramos confundidos con familiaridades triviales. Pero preguntad a cualquier crítico con tendencias sociales cuál es la verdadera relación que existe entre el artista y la sociedad y su respuesta será: están divorciados. El artista está divorciado de la sociedad. La sociedad no le ayuda en forma adecuada; su situación social es incierta y sus producciones son soliloquios, o bien síntesis del espíritu del mundo que este mismo espíritu se niega a reconocer. Culpamos a la democracia, al capitalismo o la falta de genio, pero no nos creemos culturalmente tan prósperos como los griegos del tiempo de Pericles o los habitantes de Chartres en el medioevo.-

Generalizar acerca de "todo un pueblo" es probablemente un error y si damos una hojeada a los griegos del tiempo de Pericles, podemos confirmarlo.-.

.Los griegos que no necesitaban a Homero son, por supuesto los mismos griegos que construyeron la Acrópolis , esculpieron el friso del Partenón y escribieron libros inmortales; pero son los "mismos" en el sentido usual en que se identifican los artistas y la sociedad. Los artistas y los filósofos, entonces como ahora, encontraron desaprobación o aliento, fueron desterrados, recompensados o enviados a la muerte, según las circunstancias ordinarias de la vida. Dejaron monumentos artísticos porque individualmente encontraron un equilibrio de condiciones a su favor, no porque la sociedad griega como tal estuviese diseñada especialmente para alentar al arte. Salvo en cuanto a los artistas mismos, el arte era solo una adición a la religión y al orgullo cívico.-.

.La tradición occidental acerca del arte parece medianamente uniforme: el arte es tolerado y respaldado económicamente para fomentar el patriotismo y la religión, pero, aún entonces, solo cuando la religión está tan bien arraigada y el patriotismo tan circunscrito que no parecen fruto del adoctrinamiento, sino una verdad obvia y un sentimiento universal.-..

.La época moderna ha contemplado una rápida sucesión de métodos para subvencionar al arte y a los artistas.-.Ha sido dentro del período más reciente, que se ha hablado incesantemente del divorcio entre el artista y la sociedad (nota: pensemos en las vanguardias). El patriotismo nacional y la tradición protestante no han sido productivos en el mismo sentido que el antiguo patriotismo y la religión medieval.-.

.El resultado es que, a no ser que un genio tenga gran aceptación, el artista moderno debe vivir de alguna forma de caridad. Un gran pintor como Daumier no puede vender sus cuadros y muere en una casa que le cedió un amigo. Un gran arquitecto como Louis Sullivan muere con los planos de edificios que no fueron construidos porque la fama tardó mucho en llegar, o un gran poeta como Walt Whitman termina sus días en la oscuridad y la miseria como si su vida hubiera sido inútil y disipada.-.

.Hay una gran distancia entre lo que pretendemos desear como civilización y lo que estamos dispuestos a pagar como nación.-

La expansión de la instrucción ha hecho más confusa la natural avaricia. En nuestros días un público cada vez mayor demanda y obtiene una vasta cantidad de literatura, pintura o música. Pero esta cultura está destinada a un público cuyos gustos pocas veces van más allá de la novela rosa, el cuadro bonito o la tonada pegajosa. Banalidad, una moral sencilla, y un efecto reconfortante constituyen para este público la experiencia artística.

.Las discusiones sobre arte están frecuentemente viciadas por la confusión entre este tipo de arte fácil destinado al consumo diario, y un arte de diferente calidad para los conocedores. Nuestra sociedad tiene probablemente más cultura de la primera categoría a la que nos referimos y paga más por ella en forma de películas, novelas y revistas que ninguna civilización anterior. Al contrario de lo que se cree en la actualidad, producir arte "para el consumo" no es de ninguna manera fácil y en ninguna forma censurable.-.

.La distinción entre los dos tipos de arte la constituye una diferencia de densidad más que de especie.-.

.no hay una verdadera barrera que trasponer con un esfuerzo del genio, entre entender una tonada de baile "vulgar" y una sinfonía de Beethoven.-

Por lo tanto para tener un arte democrático, se deben eludir tres sofismas absolutos: Uno, la demanda de Tolstoy de que el arte debe atraer a las mentes sencillas en la misma forma que a las más cultivadas. Dos: la creencia de que hay una lista socialmente aprobada de libros, pinturas, y sinfonías llamadas "lo mejor" - una isla para los elegidos, en el mar de los Sargazos de la vulgaridad -. Tres: el deseo del utópico de que todo el mundo disfrute las artes con entusiasmo. Estos tres absolutos convergen en un punto: el hábito de deducir distinciones morales entre bueno y malo, alto y bajo, en el arte, lo cual impide a todos encontrar su propio alimento. Arte democrático puede significar el mismo arte para todos, pero debe también significar un arte equivalente a distintos gustos.- Un lamentable anhelo de igualdad parece perseguir como una obsesión a los que abogan por la vida superior, aunque nunca explican porque todos deberían ir a la ópera en vez de a un torneo de ajedrez.-

.Tal como están las cosas sufrimos demasiado esnobismo social con respecto al arte.-.

.Esta reverencia errónea por el valor espiritual del arte, este deseo seudodemocrático de proporcionar lo mejor del arte a todos, es patético pero quimérico.-.

.El saber apreciar el arte no depende de la inteligencia, ni siquiera de la aptitud del conocedor del arte o del intérprete musical. Nadie sabe con qué tiene una relación recíproca, pues aún nada se ha escrito acerca de las Variedades de la Experiencia Artística. El hecho es que el arte es para unos pocos y no se puede predecir quienes serán ellos. No son superiores por ser la minoría, y no hay ninguna prueba de que sean más felices. Los representantes de la clase rica, los de nacimiento ilustre y los poderosos, se sienten bastante infelices tratando de encender en sus espíritus las llama del arte con soplos forzados; mientras que la minoría es molestada frecuentemente por snobs empeñados en imponer al favorito de moda por encima de todos. Ambas formas de coacción hacen que la mayoría se muestre indiferente u hostil al arte.-.

.No existe razón alguna desde el punto de vista económico que justifique el porqué un lienzo de Daumier al que nadie quería en 1875 deba ahora producir medio millón. Pensamos que necesitamos tiempo; el hecho de que la crítica y el público "se sometan" y acepten por fin que les agrada algo que les ha sido mostrado durante cincuenta años cuando se han producido cosas mucho más recientes ha llevado a creer en un progreso más digno de la crítica que sigue a la evolución artística a respetable distancia. Pero no existe tal cosa, lo que hay es cansancio.-

Nunca se aprende esta lección de historia del arte, nunca vamos al día en arte contemporáneo porque estamos atrasados un cuarto de siglo, teniendo una acumulación de arte anterior por absorber, un hecho que expresamos con inconsciente afectación diciendo que el gran artista "se adelantó a su tiempo". El artista si es en modo alguno creativo, va con su época aún cuando trabaja en su contra. Organiza (en pro o en contra) las percepciones que adquiere en el proceso de vivir y no por la contemplación del arte pasado. Sin embargo el público aparentemente solo es receptivo al arte que no tiene aspecto de vida organizada, sino de otro arte. En vista de que no existe una conspiración personal o malicia en este círculo vicioso, la falta radica en nuestros métodos de crítica y educación.-.

.Pero como puede ser vencida la funesta tradición? Dejad que cualquiera que este interesado en un artista u obra de arte recurra a la crítica que puede encontrarse sobre la materia, leyendo no un libro, sino varios, y el truco está hecho: se descubre que nadie está de acuerdo sobre las más conocidas y más antiguas obras de arte. No hay consenso de opinión, sino disenso, no existe una cosa tal llamada juicio de la posteridad, sino un caos de opiniones contradictorias. El pasado, culturalmente hablando, no es algo fijo, sino cambiante, distinto con cada nueva generación.-.

.El arte vive en su día, así como después, en virtud de su atractivo para algunos, no todos, los conocedores del arte. Puede haber un acuerdo inconsciente entre ellos para aceptar los favoritos de uno y otros, pero el conflicto existe; es a la vez deshonesto y peligroso comentarlo. Prescindir del testimonio de un crítico competente cuando manifiesta su desaprobación acerca de un nombre eminente, digamos Milton o Brahms, es tratar tanto al arte como al crítico políticamente, en vez de culturalmente. Lo probable es que sea un observador honesto de sus propios sentimientos y de la obra de arte en cuestión. El negarse a admirarla se debe por supuesto a una limitación personal, pero tal limitación es propia de cualquier individuo. Y la falta constituye una verdad más universal acerca de la cultura que el atractivo universal que se supone tener todo gran artista.-

Hablamos con confianza de los poetas universales; afirmamos el atractivo internacional de la música; llamamos clásicas a aquellas obras acerca de las cuales nos gusta pensar que todo el mundo está de acuerdo en considerar como de primer orden. Estas generalizaciones son invenciones de nuestro amor propio, repetidas por todos los corrillos o grupos de una nacionalidad en su propio círculo.-.

..Aún sobran los motivos para que ejercitemos la humildad. Por una parte, al hablar de arte universal casi siempre olvidamos las civilizaciones de China, India y Japón que comprenden más de la mitad de la población del mundo, y para quienes la fama mundial de un Beethoven o un Shakespeare es ciertamente un tenue resplandor.-.

.El supuesto "consenso general" es un mero convencionalismo que prohibe expresar dudas, pero que no elimina su existencia.

.Una vez que hayamos decidido aceptar esta democrática diversidad de crítica podremos disfrutar del arte con decoro. En vez de esperar que algún día el mundo entero venga a rendir adoración en nuestros santuarios, o pretender en todo momento que lo hace, descubrimos que experiencias artísticas diversas pueden ser igualmente válidas, descubrimos que una obra de arte no es un bien absoluto en si mismo sino un medio por el cual se organiza y amplía la experiencia individual; vemos que es nuestra cultura y nuestra historia personal la que nos impele hacia Bach o Dante, así como un bien inherente, aunque no ineludible en ellos, nos atrae. El medio de comunicación es el arte, pero el medio de comprensión es la vida. Como la vida presenta un aspecto diferente a cada individuo, el lenguaje del artista está destinado a transmitir diversos significados a cada espectador y a veces ninguno.-.

.Vistas bajo este aspecto, las obras de arte, en vez de extenderse a lo largo de una línea evolutiva de acuerdo con la técnica, se agrupan dentro de su período histórico. Revelan al espectador que es lo que el artista hace en pintura, palabras, o sonido con las sensaciones de su época. Esta es la verdadera relación entre el arte y la sociedad.Si esto pudiera ser comprendido por cualquier generación de maestros y críticos, todos ellos podrían traspasar la barrera cultural de veinticinco años y entender a sus propios artistas.

.Esta esperanza de una cultura críticamente alerta puede ser visionaria, pero de todos modos vale la pena perseguirla. Todos los otros métodos parecen haber fracasado aunque rehusamos reconocerlo. Culpamos al artista, al gobierno, al sistema económico - a todos y a cualquiera menos a nosotros mismos - mientras nos quejamos, siglo tras siglo de "esterilidad" y "decadencia" en arte y en artistas a los cuales nuestra posteridad encuentra llenos de vida y de pasión.-

.El partidismo político, el ilustrarse por si mismo o el estar de acuerdo con la gente más notable deben ser superados dentro de uno mismo. Solo cuando se toma el arte sin afectación, como una conversación con los desaparecidos o seres lejanos, libres de motivos ulteriores y del orgullo del conocimiento encontrarán su lugar las fechas, los datos bibliográficos y detalles técnicos. En vez de obstaculizar el camino, llenan de arte el paisaje.-

.Toda la historia del arte condena estos dogmas restringidos: técnica, tradición, desdenes y aversiones, credos de lo puro y lo absoluto, ideales nacionales y provinciales, son los espectros de los seudocultos. La técnica y la tradición han sido medios para lograr un fin, y continuarán siendo así con alteraciones y adiciones hechas por mentes creativas. Son fuertes y suficientemente reales para no necesitar ser halagados y codificados en manos de gente que, siendo "la posteridad inteligente" de ayer, son los "ciegos contemporáneos" de hoy. La única regla del arte y la única predicción segura con respecto a su trayectoria es que lo imprevisto siempre sucede.-.



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