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La salida del Sol
Viejo necio afanoso, ingobernable sol,
¿por qué de esta manera,
a través de ventanas y visillos, nos llamas?
¿Acaso han de seguir tu paso los amantes?
Ve, lumbrera insolente, y reprende más bien
a tardos colegiales y huraños aprendices,
anuncia al cortesano que el rey saldrá de caza,
ordena a las hormigas que guarden la cosecha;
Amor, que nunca cambia, no sabe de estaciones,
de horas, días o meses, los harapos del tiempo.
¿Por qué tus rayos juzgas
tan fuertes y esplendentes?
Yo podría eclipsarlos de un solo parpadeo,
que más no puedo estarme sin mirarla.
Si sus ojos aún no te han cegado,
fíjate bien y dime, mañana a tu regreso,
si las Indias del oro y las especias
prosiguen en su sitio, o aquí conmigo yacen.
Pregunta por los reyes a los que ayer veías
y sabrás que aquí yacen Todos, en este lecho.
Ella es todos los reinos y yo, todos los príncipes,
y fuera de nosotros nada existe;
nos imitan los príncipes. Comparado con esto,
todo honor es remedo, toda riqueza, alquimia.
Tú eres, sol, la mitad de feliz que nosotros,
luego que a tal extremo se ha contraído el mundo.
Tu edad pide reposo, y pues que tu deber
es calentar el mundo, con calentarnos baste.
Brilla para nosotros, que en todo habrás de estar,
este lecho tu centro, tu órbita estas paredes. -
— Versión de Jordi Doce
Anzuelo
Ven a vivir conmigo y sé mi amante.
A tentación llamemos nuevos goces
—con argénteos anzuelos y sedales de seda—
por doradas arenas de cristalino arroyo...
Y más que por el sol, al paso de tus ojos
habrán de caldearse las aguas insinuantes.
Peces enamorados implorarán en ellas
se los deje a su antojo traicionarse.
Cuando nades en ese ardiente baño
a ti se arrimarán de todos los rincones
los amorosos peces, exultantes
de cogerte lo mismo que tú a ellos.
Si te disgusta que el sol o la luna
te vean, ensombrécelos.
Pues si tengo tu venia para verte
su luz —teniéndote— no necesito.
Deja que con su caña los otros se entumezcan
y se raspen las piernas con conchas y estropajos.
O que a traición asechen con malla mosquitera,
o lazo que estrangula, a desdichados peces.
Que del nido de limo de la margen audaces
manos toscas extraigan los peces enterrados.
O curiosas traidoras —moscas de seda cruda—
arroben errabundos ojos de pobres bichos.
Pero tú no precisas de añagazas afines
porque tu propio anzuelo eres tú misma.
El pez que no ha picado contigo todavía
es más trucha ¡ay! que yo. -
— Traducción de José Luis Rivas
El testamento
Antes que entregue al fin mi último suspiro, permíteme que exhale,
oh poderoso Amor, algunas voluntades. Por la presente dejo
mis pupilas a Argos, si mis pupilas ven,
mas si son ciegas, a ti las dejo, Amor;
a la Fama , mi lengua; a los embajadores, mis oídos;
a las mujeres o al mar, mi llanto.
Tú, Amor, me has enseñado tiempo hace,
cuando me hiciste siervo de mujer que otros veinte tenía,
a nada dar sino al que antes en demasía hubiese ya tenido.
Mi constancia la doy a los planetas;
mi verdad, a quienes viven en la corte;
mi ingenuidad y mi franqueza
doy a los jesuitas; a los bufones, mi melancolía;
mi silencio, a cualquiera que haya vuelto de lejanos
países;
a un capuchino, mi dinero.
Tú, Amor, me has enseñado, pues me hiciste
amar donde el amor no tenía acogida,
a dar tan sólo a quien el don no sirve.
Doy mi fe a los católicos romanos;
mis buenas obras doy a los cismáticos
de Amsterdam; lo mejor de mis modos
y mi cortesanía, a una universidad;
mi modestia la doy a harapientos soldados;
compartan los jugadores mi paciencia.
Tú, Amor, me has enseñado, pues me hiciste
amar a una mujer que mi amor tuvo en poco,
a dar a quien mis dones juzga indignos.
Doy mi reputación a cuantos fueron
mis amigos; mi habilidad, a mis enemigos;
lego a los escolásticos mis dudas;
mi enfermedad, a médicos o a excesos;
a la naturaleza, cuanto he escrito en verso;
y a mis compañeros doy mi ingenio.
Tu, Amor, que me rendiste
a quien antes en mí este amor engendrara,
me has enseñado a dar como si diese, cuando tan sólo restituyo.
A aquel por el que doble la próxima campana
dejo mis libros médicos; todos mis manuscritos
de consejos morales doy a los manicomios;
mis medallas de bronce, a los que viven
en privación de pan; lego a los que viajan
por tierras extranjeras mi lengua inglesa.
Tú, Amor, que me impusiste amar
a quien creyó su amor suficiente alimento
para amantes más jóvenes, da también a mis dones igual desproporción.
Dejaré, pues, de dar; mas desharé
el mundo con mi muerte, porque con ella morirá el amor.
Todas vuestras bellezas no valdrán más entonces
que el oro de las minas cuando nadie lo extrae;
ni serán ya más útiles todos vuestros encantos
que un cuadrante solar en una tumba.
Tú, Amor, me enseñas, pues me has enamorado
de quien a ti y a mí deja en olvido,
a inventar y aplicar el solo medio que a los tres a la
nada nos reduce. - — Versión de José Ángel Valente
CANCIÓN
Ve y coge al vuelo una estrella fugaz,
Fecunda la raíz de la mandrágora,
Cuéntame dónde están los anos idos
O quién hendió la pezuña del diablo;
Enséñame a escuchar canciones de sirenas,
A evitar la punzada de la envidia
Y a descubrir
Cual es el viento
Que ayuda a mejorar a un alma buena.
Si el don tienes de ver visiones singulares
Y cosas invisibles,
Cabalga diez mil días con sus noches
Hasta que la vejez nieve en tu pelo.
Al volver, me dirás
Todas las maravillas que encontraste,
Y has de jurar
Que en parte alguna
Vive moza que sea fiel y bella.
Si das con una, infórmame.
Dulce sería tal peregrinaje;
Mas no, yo no lo haría
Aunque el encuentro fuera
En la casa de al lado, pues si aún era fiel
Cuando la descubriste, y al enviar tú la carta,
Ella será
Infiel a dos, o tres,
Antes de que yo acuda.
— Traducción de José Luis Rivas
LA PROHIBICIÓN
Guárdate de quererme.
Recuerda, al menos, que te lo prohibí.
No he de ir a reparar mi pródigo derroche
de aliento y sangre en tus llantos y suspiros,
siendo entonces para ti lo que tú has sido para mí.
Pues goce tan intenso consume al punto nuestra vida.
Así, a fin de que tu amor frustrarse no pueda por mi muerte,
si tú me amas, guárdate de quererme.
Guárdate de odiarme,
o de excesivo triunfo en la victoria.
No es que yo a mí mismo haga justicia,
y me resarza del odio con más odio,
pues tú el título perderás de conquistador
si yo, tu conquista, perezco por tu odio.
Así, a fin de que mi ser a ti en nada perjudique,
si tú me odias, guárdate de odiarme.
Mas ama y ódiame también.
Así ambos extremos la función de ninguno cumplirán.
Ámame para que pueda morir del modo placentero.
Ódiame, porque tu amor es excesivo para mí,
o deja que los dos mutuamente, y no a mí, se destruyan.
Viviré enttonces para apoyo y triunfo tuyo.
Así, para que tú a mí, a tu amor y odio no destruyas,
déjame vivir, pero ama y ódiame también.
Versión de purificación ribes
EL MENSAJE
Devuélveme mis ojos largamente descarriados,
pues es ya mucho el tiempo que han estado sobre ti;
mas ya que tales males allí han aprendido,
tales conductas forzadas
y apasionamiento falso,
que por ti
nada bueno
pueden ver, quédatelos para siempre.
Devuélveme mi corazón inofensivo,
que pensamiento indigno no podría mancillarlo,
pero si el tuyo le enseñara
a burlarse
del amor;
a quebrantar
palabra y juramento,
quédatelo, porque mío no será.
Pero devuélveme mi corazón, mis ojos,
que pueda ver y conocer tu falsedad;
que pueda reírme y gozar
cuando te angusties,
cuando languidezcas
por aquel
que no querrá,
o, como tú ahora, falso sea.
Versión de Purificación Ribes
CONSTANCIA DE MUJER
Un día entero me has amado.
Mañana, al marchar, ¿qué me dirás?
¿Adelantarás la fecha de algún voto recién hecho?
¿O dirás que ya
no somos los mismos que antes éramos?
¿O que de promesas hechas por temor reverente
del amor y su ira, cualquiera puede abjurar?
¿O que, como por la muerte se disuelven matrimonios verdaderos,
así los contratos de amantes, a imagen de los primeros,
atan sólo hasta que el sueño, imagen de la muerte, los desata?
¿O es que para justificar tus propios fines
por haber procurado falsedad y mudanza, tú
no conoces sino falsedad para llegar a la verdad?
Lunática vana, contra estos subterfugios podría yo
argumentar, ganando, si lo hiciera.
Pero me abstengo,
porque mañana puede que yo así también piense.
Versión de Purificación Ribes
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