Entrevista a John Huston

Desconocido
publicado en VOGUE, México, agosto 1981.

John Marcellus Huston nació el 5 de agosto de 1906 en una pequeña ciudad de Missouri que, según se cuenta, su abuelo había ganado en una partida de póker. Antes de los 25 años fue boxeador profesional en norteamérica, cantante en Londres, pintor callejero en París, equitador en Escocia y actor en Nueva York. Trabajó en el espectáculo por primera vez a los tres años, apoyado por su padre, el actor Walter Huston, que fue su primer maestro. También aprendió de Orson Welles y Joseph Losey, a quienes iguala en estilismo visual. Formado en la época clásica de Hollywood, llega a ser tan perfecto en su cine como Ford y tan popular como Hitchcock. Pero, en verdad, sólo es él mismo.  
Huston ha hecho con extremo rigor su cine ("cada toma se debe realizar como si fuese la más importante del film. Durante mi vida no he encontrado nada que resulte más fascinante y produzca más alegría que rodar películas, y creo que después de tantos años he dado con la mejor manera de filmarlas"). Para él, ninguna de sus cintas es mejor que otra ("cuando uno está haciendo un film, ése es el más importante. A ninguno de mis films, mientras los estaba haciendo, le he dado más importancia que a otro, todos forman parte de mi obra"). Y piensa que siempre, al final, la calidad o mediocridad de un film dependen del director ("siempre la responsabilidad recaerá sobre el director, quien es el centro de todo, igual a un director de orquesta, allí están las partituras, los cantantes, los músicos, los ayudantes de escena, los técnicos y a pesar de ellos, la responsabilidad de lo que oye el público recae en el director, que si es bueno, la función será buena, o lo contrario; en el caso de un director de cine, uno tiene que ver también con la dirección de la construcción de los sets, encontrar las locaciones, diseñar cada escena, en fin, quiero decir que no es por accidente que los films sean el medio ideal en que se desenvuelven los directores"). Nunca ha hecho películas sentimentales ("tengo una marcada predilección contra el sentimentalismo. No me hace llorar el cine sentimental, emocionalmente no me conmueve, me deja indiferente"). Si le comentan que su obra es una de las más individualistas del cine, responde que cada artista es muy individualista en su arte. Respecto a la violencia en la pantalla, le preocupa que se utilice al cine para saciar apetitos enfermos ("hay un tipo de violencia, como la que se muestra en "The Godfather" ("El padrino"), que está siendo representada en un contexto cierto, de verosimilitud, correcta en su forma de mostrarse; pero hay cierto tipo de violencia que se rueda sólo por el hecho de filmar violencia: se cae en un vicio. La violencia que se utiliza hoy comúnmente en algunos programas de televisión no tiene ninguna justificación; acabo de ver un programa en que muchas escenas mostraban gente sangrándose en cámara lenta: una escena que muestra un sufrimiento atenuado por la lentitud que se obliga a la cámara, obedece a un apetito enfermo en quien la hace, y por lo tanto, en el público que consume ese tipo de material fílmico").
Huston cree que muchos cineastas surgidos últimamente hacen pensar en un tiempo de madurez; considera, por ejemplo, que el cine para niños está en una etapa muy importante ("porque films como "Superman" están muy bien hechos. Ahora, en films éticamente importantes, creo que, por ejemplo, "Chariots of fire" ("Carros de fuego") y "Prince of the city" ("Príncipe de la ciudad"), son trabajos importantes, maduros e importantes. Si le piden citar a un director, nombra a Akira Kurosawa, y si le piden que se refiera a Chaplin, dice que es único ("completamente individual, no hubo ni volveremos a ver a alguien como él; Chaplin fue un regalo del cielo"). Señalado en trece oportunidades para recibir el Premio Anual de la Academia de Ciencias y Artes Cinematográficas de Hollywood, el Oscar, tres veces lo ha obtenido; el último "por el trabajo de una vida". Es un amante de la literatura y se enorgullece de saber llevar grandes obras a la pantalla sin desvirtuar lo que decía el escritor. De hecho, en su filmografía hay dos lineas bien definidas: en una se agrupan sus cintas comerciales (en que ha combinado perfectamente los intereses de los productores con su talento), y la otra agrupa sus adaptaciones de obras de la literatura mundial, de donde ha tomado la distancia para ver con ironía al mundo. En USA se dice que sus retratos de extranjeros no tienen igual. Y se le ubica como el cineasta por excelencia de lo que Gertrude Stein bautizó como la Generación Perdida. Su guión para "The killers" ("Los asesinos", 1946) fue el único film de Hemingway que le gustó a Hemingway. Huston moldea, si se puede decir así, la materia literaria para convertirla en materia cinematográfica. Ha colaborado con Truman Capote, Tennessee Williams, William Age, Ray Bradbury, Christopher Fry, Ian Fleming, Romain Gary, Stephen Crane... y ha adaptado para el cine varios clásicos: "Moby Dick" de Herman Melville; "El hombre que sería rey", de Rudyard Kipling... ahora lo encontramos filmando uno de los cuentos que componen "Los dublineses" de James Joyce: "The dead" ("El muerto").


Lo había saludado hace no demasiado tiempo en la Ciudad de México, para la entrega de las Diosas de Plata, durante cuya premiación los cineastas mexicanos le rindieron un cálido homenaje: ya las huellas de su enfermedad, un enfisema pulmonar, eran manifiestas ("estoy adaptando este cuento de Joyce que tengo proyectado hace treinta años, pero Joyce es un autor que casi nadie lee, y con tantos films que he debido hacer para pagar a mis ex-mujeres y a mis médicos, no había sido posible. En el guión me ayuda mi hijo Tony, y el rol principal femenino lo lleva mi hija Anjélica"). Inicialmente, la filmación debía realizarse en Irlanda, pero su precario estado de salud obligó a levantar locaciones en un Estudio ubicado hacia el desierto en las afueras de Los Angeles. Huston se ve obligado a desplazarse en silla de ruedas, pues si pasa más de veinte minutos en pie debe poner tubos a su nariz conectados a un tanque de oxígeno. Con el rostro consumido, su gran cuerpo encorvado en la silla y levemente interrumpidos los movimientos de sus manos por súbitos temblores, sin embargo, se ve absolutamente determinado a consumir sus últimas energías haciendo lo que ama hacer: dirige a los actores sentado en un rincón del estudio frente a una pantalla de televisión que le permite controlar los encuadres de la cámara. Cuando el león habla, el estudio está en silencio, sabe exactamente lo que quiere de cada actor, los que son arcilla en sus manos; se dice que no ha hecho más de dos o tres tomas de cada escena, trabajando unas seis horas cada día, lo que es heroico en su estado. En un instante de descanso, lo veo solo y, no sin temor a interrumpirle, me acerco al lugar en que ha estacionado su silla; me observa y me anima haciendo un gesto con su mano.
Huston es el mismo viejo león de siempre. Su apostura es intocable a pesar de su silla de ruedas. Es sólo su cuerpo que ya no quiere responderle, pero él está intacto. Nos dice:
- La historia se desarrolla en una residencia burguesa de Dublín -nos dice Huston-, en una navidad de principios de siglo, y aborda las relaciones de un matrimonio cuya pasión renace debido a un acontecimiento inesperado. Me han prohibido los médicos ir a Irlanda por su duro invierno, así es que ha ido a filmar a Dublín una segunda unidad.
- ¿Eligió esta obra por su pasado irlandés?
- La quería filmar porque creo que es tal vez el mejor cuento que escribió Joyce. Nos sitúa ante ciertos hechos de la vida como el amor, el matrimonio, la muerte y la pasión, y nos obliga a enfrentarlos.
- ¿Se siente usted satisfecho del trabajo realizado?
- De ninguna manera. Nunca he quedado satisfecho porque siempre he sabido que todo puede ser mejor. Pero para hacer cosas perfectas necesitamos mucho tiempo, en la perfección siempre influye el tiempo, en muchas maneras, y tú vez que ya no tengo mucho tiempo, entonces, debo hacer las cosas lo mejor que las circunstancias me lo permitan, pero ¿estar satisfecho?. No, de ninguna manera estoy satisfecho.
- ¿Qué le preocupa?
- El futuro, aunque éste ya no me pertenezca. Tengo la sensación de que vivimos en el mundo como si viviéramos en el Titanic, esta sensación me embarga. Se refleja en estos sets, que son exactamente como me siento ahora: ordené que construyeran algo que no durara mucho, algo que desaparecerá cuando hayamos terminado de filmar. Esta cercanía a la muerte que me ha traido esta enfermedad, no me permite abandonar esa idea miserable de que debamos desaparecer irremediablemente.
- Pero en el futuro usted existirá mientras haya alguien que tenga memoria del cine.
- Entonces yo ya habré desaparecido en el vacío. Entonces, ¿qué importa lo que se diga si igual yo desapareceré?.